Durante la temporada 2000-2001 las excavaciones del complejo piramidal n°3 se prosiguieron, así como la consolidación de una parte de los muros. Las excavaciones se llevaron a cabo en las partes bajas del complejo, o sea en la Plaza II y el conjunto 3C. En la Plaza II, se descubrió un taller de alfarería y un cementerio de época inca. El conjunto 3C resultó ser un edificio separado, más antiguo que el resto del complejo piramidal y dedicado a funciones totalmente diferentes. Llamado el Templo del Mono, parece haber sido utilizado sólo para funciones rituales, sin duda relacionado con las ceremonias de enfardelamiento de las momias.



Templo del Mono visto desde el noroeste.



radiografía del fardo funerario del mono (Cebus Albifrons) asociado a la fundación del templo. Obsérvese la concha colocada en el fardo a la altura de la oreja.


La temporada de excavaciones 2000-2001 en Pachacamac

A causa de la situación política en el Perú durante el año 2000, la segunda temporada se tuvo que retrasar varias veces, hasta finalmente decidir que se llevaría a cabo junto con la tercera temporada; esto se concretizó con una misión de casi 5 meses entre septiembre del 2000 y enero del 2001. Obtuvimos una importante fuente de financiación complementaria con una beca de investigación de la National Geographic Society (Washington). Sólo presentaremos aquí un breve resumen de los resultados obtenidos en esta doble temporada.

La Plaza II
La Plaza II se adapta al relieve natural (ascendiente del norte hacia el sur) y se subdivide en tres sub-sectores:

  1. el sub-sector sur: se presenta como una plataforma y está más elevado que los dos otros;
  2. el sub-sector central: muestra muchos restos funerarios en superficie;
  3. el sub-sector norte: presenta una serie de estructuras ortogonales cuyos muros están bastante bien conservados.

Las excavaciones demuestran que la plataforma sur es artificial y que su fundación fue marcada por varios sacrificios de camélidos de varias edades y de ambos sexos, asociados a tiestos de cerámica y restos de cremación. El carácter de los vestigios descubiertos en el relleno constructivo y del suelo de la plataforma sugiere la existencia de un taller de alfarería sobre la plataforma, así como una ocupación doméstica cuya situación cronológica queda por determinar.

La parte central de la Plaza II sirvió de cementerio después del abandono del complejo n°3, como demuestran las cámaras funerarias en adobes de reempleo. La presencia de material inca entre el mobiliario de las tumbas refuerza la hipótesis según la cual el complejo hubiera sido abandonado antes de la conquista por los Incas. También se descubrieron interesantes sepulturas del inicio del período colonial que ilustran los cambios graduales de costumbres funerarias locales debido a la influencia cristiana.

El sub-sector norte de la Plaza II sólo contiene algunas tumbas intrusivas pero varios depósitos antiguos, uno de los cuales parece haber servido para almacenar maíz. Diferentes indicios arqueológicos y arquitecturales nos llevan a pensar que originalmente la plaza estaba totalmente cerrada por un muro que la rodeaba y sólo se accedía a ella por los muros perimétricos. Todos éstos están asociados a caminos de ronda, a veces muy derrumbados. La plaza servía para varias actividades domésticas, para la conservación de alimentos y para la producción de cerámica doméstica y cerámica decorada. El estudio de los caminos de ronda ha evidenciado la estrecha relación entre la plataforma de la Pirámide A y la Plaza II, lo que apoya la hipótesis elaborada  durante la temporada de 1999: la Pirámide A (plataforma A y ambientes adyacentes, Plaza I y Plaza II) reproduce a más grande escala el modelo de la Pirámide B anterior (plataforma B y ambientes adyacentes, Plaza V, sala 25), tanto a nivel del plano general como de la función de los sectores correspondientes.

La Plaza III
Contrariamente a la Plaza II, esta plaza no muestra ninguna relación directa con el resto del complejo, al menos en cuanto al estudio del sistema de circulación. A nivel arquitectural, y de la misma manera, las excavaciones a lo largo del muro colindante de la Plaza II han mostrado que cada plaza estaba cercada por su propio muro, con fundaciones diferentes. Aún queda por aclarar la función del estrado ubicado a lo largo del muro este de la Plaza II, accesible desde una rampa descubierta en el 1993. En efecto, los eventuales restos de la ocupación original han sido gravemente perturbados por varias tumbas y ofrendas intrusivas, luego por huaquerías después de la Conquista y finalmente por terremotos que afectaron en particular dicha estructura. Las excavaciones de la ladera oeste de la Plaza III, cercana a la Pirámide C, han revelado importantes fallas en el muro causadas por movimientos sísmicos. Un de estas fallas, recubierta por arena eólica y cascajos, se consideró erróneamente como un acceso entre los dos sectores mencionados. Hoy sabemos que no existía ningún acceso y que la Pirámide C funcionó como una unidad independiente del resto del complejo n°3.

La Pirámide C
Esta pirámide está compuesta por dos sectores principales:

  1. una gran plaza (Plaza IV) cercada por un muro perimétrico con una entrada en zigzag en el norte;
  2. una plataforma con rampa lateral de varios niveles sucesivos y un recinto hundido al sur.

Este modelo particular resulta ser sumamente diferente de las otras pirámides, habíamos planteado la hipótesis de que reflejase una diferencia de ocupación y de función. Los resultados de las excavaciones confirmaron esta hipótesis más allá de lo esperado, ya que los descubrimientos espectaculares demuestran sin lugar a duda que la Pirámide C era una estructura con una función únicamente ritual, sin huellas de actividad doméstica o residencial. En efecto, la plaza está totalmente virgen de cualquier rastro de ocupación, salvo algunos restos de manufactura de cuerdecillas de fibra vegetal. En la plataforma se descubrieron múltiples ofrendas, algunas asociadas a la fundación de la estructura - en particular un niño joven probablemente sacrificado y una extraordinaria momia de mono - y otras a diferentes fases de utilización: animales sacrificados (cuyes, pájaros, ranas, reptiles), ropa miniatura, conchas exóticas, hojas de coca, etc. El despejo de las plataformas escalonadas permitió precisar su plano, caracterizado por una fuerte bipartición del espacio y un sistema deambulatorio entre pequeños muros bajos en adobe y piedra. Mientras que la parte occidental de las plataformas no ha revelado ningún vestigio de ocupación, la parte oriental está cubierta por restos de actividades rituales, entre las que cabe destacar una serie de grandes cuencos  de cerámica insertadas en el suelo, remplazadas regularmente y que servían para la cremación de substancias no identificadas y quizás de artefactos: hemos encontrado fragmentos calcinados de la mismas cuerdecillas que las de la Plaza IV.  Estos cuencos parecen haber ocupado un lugar importante durante las ceremonias ya que las fases arquitectónicas posteriores se han adaptado en función de ellas. El pedestal de un probable ídolo de madera se encontraba a proximidad. Las plataformas estaban cubiertas por un inmenso tejado sostenido por postes cuadrangulares. Ya sea bajo los postes como bajo el pedestal y los cuencos hemos recuperado ofrendas preciosas (metal, turquesa, conchas y semillas exóticas, animales sacrificados). El abandono voluntario de la estructura está marcado por la clausura de los cuencos  con un sello de arcilla, seguido por un gran incendio. La dicotomía de la ocupación entre las partes oriental y occidental sugiere una profunda dualidad, hecho recurrente de las sociedades andinas que se destaca, entre otras cosas, del estudio de documentos etnohistóricos.
Un acceso central conduce al recinto hundido, cuya estratigrafía está caracterizada por la presencia de muchas cuerdecillas de fibra vegetal, la mayor parte fragmentarias pero también enteras, en forma de rollo dispuesto como ofrenda durante la construcción. Otras ofrendas fueron depositadas durante la fundación, pero la que destaca es sin lugar a dudas la momia E-20, el primer fardo funerario totalmente intacto excavado de manera científica en Pachacamac desde el final del siglo XIX. El estudio y el desembalaje minucioso de esta momia ocupó a cuatro personas durante un mes: aparentemente se trata de un ancestro importante desplazada de su contexto funerario original y vuelta a enterrar en la fundación de la Pirámide C. La finalidad de esta operación sigue siendo hipotética.
La función de la Pirámide C, llamada “Templo del Mono”, estaría relacionada a costumbre funerarias. En efecto, las cuerdecillas corresponden a las de las redes que constituyen la última “capa” de los varios fardos funerarios. Conforme con otros indicios, esto sugiere que en el Templo del Mono fueron realizados los último rituales antes de enterrar las momias en uno de los cementerios del sitio de Pachacamac, y que también fabricaban las redes que servían para transportarlos.

Estudio del material
Esta doble temporada nos ha permitido ampliar considerablemente nuestro corpus de ladrillos de adobe con el fin de realizar una seriación. Esta sólo será posible cuando se hayan registrado más muestras representativas procedentes de otras pirámides y estructuras del sitio, lo que hace parte del programa de la cuarta temporada. La arqueología experimental, sin embargo, ya nos ha permitido obtener resultados muy interesantes en el campo de la técnica constructiva. Así, hemos podido proponer una estimación muy precisa de la fuerza de trabajo y del tiempo necesarios para edificar la Pirámide 3-B. Gracias a los datos paleodemográficos regionales y a los fechados absolutos, pudimos establecer que el edificio ha sido construido en menos de 6 meses por turnos de 100 a 200 personas. Se pueden elaborar modelos instructivos de estructura y de organización de la autoridad en el sitio a partir de este tipo de información.