La temporada de excavaciones de 1999 en Pachacamac
El objetivo preciso de esta misión consistió en verificar las hipótesis emitidas acerca del funcionamiento de la Pirámide n°3 en base a las excavaciones precedentes y en completar nuestros conocimientos gracias a la exploración de algunos sectores del edificio, hasta ahora desconocidos.
Hay que precisar que el edificio actualmente a la vista tiene tres fases constructivas sucesivas (D, B y A) que se sobreponen parcialmente. Sólo las dos últimas poseen todas las características de una pirámide con rampa, en pleno sentido de la palabra. Esto quiere decir: una plataforma ortogonal asociada por medio de un plano inclinado a un recinto hundido cercado por un muro en el cual se abre una entrada desde el exterior. En el caso de las Pirámides A y B, es interesante constatar que ambas pertenecen al tipo “rampa central”, particularmente presentes en Pachacamac y en su sitio alter-ego del interior, Pampa de la Flores. Más de cuarenta pirámides con rampa de diferentes tipos han sido identificadas y levantadas en el valle de Lurín, en el marco del Proyecto Ychsma. Existen muchas más en varios valles de la Costa central (Rímac, Chancay, Huaura, ...). Este modelo arquitectónico recurrente, cuya difusión tiene origen en el Intermedio Tardío según la mayor parte de los autores, ha sido objeto de diversas interpretaciones, principalmente inspiradas en fuentes etnohistóricas. La originalidad del Proyecto Ychsma consiste en enfocar esta problemática desde la arqueología y especialmente en la excavación completa de un ejemplo considerado representativo: la Pirámide n°3.
Las investigaciones sugieren que las pirámides corresponden a palacios de dignatarios que se suceden según un modelo dinástico. En el caso particular de la Pirámide n°3, las investigaciones llevadas a cabo en 1999 han permitido aclarar los límites y el plano general de cada fase evocada aquí arriba.
Así, resulta que la fase D, la más antigua, está compuesta en realidad por un muro enorme rectilíneo de casi 100 m de largo orientado este-oeste; una rampa ascendiente de 1,70 m de ancho se apoya en él la primera parte del recorrido del muro. No se ha encontrado ningún indicio que permita aclarar la función de esta estructura extraña, de la que no existe otro ejemplo en Pachacamac. Sin embargo, es plausible que una parte importante de la fase D haya sido destruida y / o recubierta por la pirámide con rampa de la fase B, fechada en el primer tercio del siglo XV.
La Pirámide B comprende dos recintos hundidos gemelos: el primero, asociado a la rampa y a la plataforma principales, fue excavada en 1995. El segundo, paralelo al primero y accesible sólo desde éste, fue excavado de manera extensiva este año. Ha revelado una ocupación doméstica intensa con presencia de fogones, numerosos restos alimentarios de todo tipo, estructuras destinadas a la cría de cuyes y tiestos de cerámica para la cocción y la presentación de alimentos. Se trata, muy probablemente, de un espacio atribuido a la preparación de comidas y banquetes ofrecidos en el edificio.
La entrada principal de la Pirámide B ha sido ubicada en la esquina sureste del primer reciento. Este acceso monumental de más de 2 m de ancho y 3 m de alto estaba controlado desde un bastión situado sobre uno de sus lados y actuaba como puesto de vigilancia, directamente accesible desde el corazón de la pirámide por los caminos epimurales (acondicionados en la parte superior de los muros). El puesto de control ha sido totalmente liberado y su buen estado de conservación permite hacernos una idea del aspecto original de la arquitectura, con sus plataformas, nichos, pasajes y rampas laterales que forman un recorrido laberíntico. Se han descubierto en este sector varias ofrendas correspondientes al período de abandono voluntario de la Pirámide B (ca. 1435 d.C.), cuidadosamente enterradas entonces bajo una capa de arena fina seleccionada.
La fundación de la Pirámide A (ca. 1435 d.C.) implica transformaciones importantes de la pirámide anterior, entre ellas, el recubrimiento de una buena mitad de la plaza principal con un nuevo suelo, la habilitación de espacios para nuevos ambientes y la clausura de la antigua entrada. Un acceso estrecho y tortuoso (sin duda reservado a algunos privilegiados) permite a los ocupantes de la plataforma de la nueva pirámide, o sea a la élite, acceder a la partes preservadas del antiguo palacio donde, según la hipótesis propuesta, se encontraba la tumba del señor difunto. Estos indicios cuadran bastante bien con la práctica del culto funerario tal como ha sido descrita por algunos cronistas de época colonial.
La comparación de planos originales respectivos a las Pirámides A y B, ahora claramente establecidos, abre nuevas perspectivas sobre el estudio de la tradición arquitectural local, por ejemplo en el sistema de circulación interna y la afectación preferencial de espacios. En efecto, se destaca del análisis preliminar una doble dicotomía en cada fase sucesiva. Dicotomía de ocupación, por un lado, entre las partes elevadas como las plataformas y sus ambientes adyacentes (reservados a la élite residente) y, por otro lado, de las partes bajas como los recientos (accesibles a la gente común y seguramente a los invitados). Otra dicotomía, más inesperada, es la que señala la bipartición izquierda / derecha de las estructuras asociadas directamente a las plataforma y del sistema de circulación que deriva. Observamos que el tránsito desde la plataforma hacia la izquierda conduce sistemáticamente hacia los ambientes y estructuras destinados al almacenamiento, al depósito y al control, mientras que el lado derecho lleva a sitios con arquitectura más elaborada sugiriendo una función diferente, sin duda residencial y quizás ceremonial. Estos dos sectores izquierdo y derecho no están unidos entre ellos, la distribución del tránsito se hace sólo a partir de la plataforma. Es tentador ver una división de orden sociológico y simbólico entre lo económico-administrativo de un lado y algo más trascendental de otro. Es interesante constatar que Christopher Donnan (1986) llega a las mismas conclusiones sobre las pirámides de Pacatnamú, situado a más de 600 km de Pachacamac, en la Costa norte del Perú.
Las excavaciones de la Pirámide n°3 también han revelado varias tumbas intrusivas, todas parcialmente saqueadas. Corresponden al período de ocupación inca (ca. 1470-1533 d.C.), así como atesta el estilo de algunos artefactos procedentes del mobiliario funerario. Estas tumbas se encontraban en la Pirámide A, la más reciente, abandonada poco antes de la llegada de los Incas a Pachacamac. Quizás se trate de sepulturas de herederos del último señor Ychsma que, a causa del cambio de régimen, no pudieron hacerse construir su propia pirámide-palacio.
Una fase corta de reocupación doméstica, marcada por algunas fundaciones de chozas diseminadas en el edificio, parece tener su origen en el período que siguió la conquista española. Luego la Pirámide n°3 fue totalmente abandonada y saqueada; aún tenemos huellas de ello en los años 1960.
Finalmente, cabe destacar la presencia de numerosos tiestos de estilo Lima (ca. 250-550 a.C.). en las capas de relleno constructivo y en el mortero que sirvió para elaborar algunos adobes. Esto nos indica que al menos una parte de los materiales utilizados en la construcción proceden de zonas antiguas del sitio, del cual sabemos, por otra parte, que fue ocupado de manera permanente desde los inicios de nuestra era.
Referencias citadas:
Donnan, Christopher B.
1986 The Huaca 1 Complex. In The Pacatnamu Papers, Volume 1, eds C.B. Donnan & G. Cock, pp.63-84. Museum of Cultural History, University of California, Los Angeles. |